El hombre del tiempo

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Es noviembre
y el hombre del tiempo
padece el maleficio
de la inexactitud.

Los limpiaparabrisas
no funcionan.

Ya no hay vendedores de paraguas
en las estaciones.

Veo pájaros tristes
en las ramas de los árboles.

La luz es un zarpazo
en la piel blanca de los muros.

Los trenes cruzan la herida
dejando atrás paisajes de ceniza.

Hay hombres demasiado cansados y
ríos que parecen desiertos.

El vértigo y la nieve sólo son
huellas de tinta
que abrigan
las novelas de Jack London.

Un mensaje de amor
dirigido a la luna
quedó enganchado en los
oxidados barrotes del cielo.

Amanece y
un resplandor descifra
el oscuros jeroglífico de la noche.

No voy a hablarte del invierno
pero, al menos,
si llueve
espero que la lluvia
me despierte contigo.

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Nara

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Fue en el barrio de Naramachi en un callejón antiguo lleno de viejos almacenes y casas tradicionales. Estaba atardeciendo y una luz suave, que provenía de una lámpara de aceite, traspasaba el delicado papel del corredizo. Unas gotas de agua, el canto de los insectos o el gorjeo de los pájaros inundaba el espacio de una punzante melancolía. Recuerdo que sostenía un cuaderno y desde sus ojos desplegaba, a trazos firmes, la equilibrada ensoñación que despertaba contemplar el jardín en la parte trasera de la casa…

Cuando pienso en Madrid

Amo y odio esta ciudad al mismo tiempo
y sé que jamás terminaré de cruzar sus fronteras.
SI acabas de llegar serás un sauce perdido
pero sentirás que perteneces a este bosque.
Madrid es el asfalto sediento. La distancia que se aleja frente a ti.
Madrid es la tormenta que disparan los relojes.
El verano de nieve, los zapatos calados,
el aire suspendido en mis pulmones.
Madrid es mi andén desnudo, tu mar de cristales rotos,
el mismo predicado para todos los sujetos.
Madrid es la traducción del lenguaje de grises
que describen los charcos al dialecto de la luna.
Madrid es una película de Ken Loach, un poema de Ángel González,
una canción de los Doors.
Madrid es una historia sin estructura, un relato sin protagonista.
Madrid es la amistad sin causa y su ceguera desmedida.
Madrid está en el bronce de las estatuas, en el cristal de tus ventanas,
en los árboles en flor.
Madrid es la profesión del viento,
el destello de la luz, una presencia en cada plaza.
Madrid es nuestra historia de amor.
Aquí te conocí,
y cada uno de tus pasos
encuentra su tatuaje en mi piel.

Elipsis del amor

Eres una elipsis. Dos razones para una misma causa.
Un accidente en la serpenteante carretera entre tú y yo.
Eres un relámpago en la montaña. La voz amplificada del corazón.
El reflejo del río en la memoria. El genio que derrota al hombre.
Eres la caja fuerte que rescata el buceador en el fondo del mar.
El frío ahogado en sus cenizas.
Eres la tristeza de Pessoa, el haiku de Basho, un poema de Yeats.
Eres el acantilado, la cadencia del verso, la metáfora de la luz.
Eres el adiós del tren, la frontera de la ausencia, las alas del instante.
Eres todo aquello sobre lo que podría escribir
pero jamás necesitaría ser contado.

Maneras de vencer al tiempo.

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 Subir escaleras, coger resfriados, aceptar las asimetrías en los espejos
Comprender que las respuestas viajan en dirección contraria a los recuerdos
Pasar las horas atando palabras con nudos marineros
Sentir que el invierno se queda sin aliento y
ver, cada año, cómo se desflorecen los magnolios.
Existen más de cuarenta maneras de vencer al tiempo.