Cuando pienso en Madrid

Amo y odio esta ciudad al mismo tiempo
y sé que jamás terminaré de cruzar sus fronteras.
SI acabas de llegar serás un sauce perdido
pero sentirás que perteneces a este bosque.
Madrid es el asfalto sediento. La distancia que se aleja frente a ti.
Madrid es la tormenta que disparan los relojes.
El verano de nieve, los zapatos calados,
el aire suspendido en mis pulmones.
Madrid es mi andén desnudo, tu mar de cristales rotos,
el mismo predicado para todos los sujetos.
Madrid es la traducción del lenguaje de grises
que describen los charcos al dialecto de la luna.
Madrid es una película de Ken Loach, un poema de Ángel González,
una canción de los Doors.
Madrid es una historia sin estructura, un relato sin protagonista.
Madrid es la amistad sin causa y su ceguera desmedida.
Madrid está en el bronce de las estatuas, en el cristal de tus ventanas,
en los árboles en flor.
Madrid es la profesión del viento,
el destello de la luz, una presencia en cada plaza.
Madrid es nuestra historia de amor.
Aquí te conocí
y en cada esquina de mi cuerpo
están tatuados tus pasos.

Elipsis del amor

Eres una elipsis. Dos razones para una misma causa.
Un accidente en la serpenteante carretera entre tú y yo.
Eres un relámpago en la montaña. La voz amplificada del corazón.
El reflejo del río en la memoria. El genio que derrota al hombre.
Eres la caja fuerte que rescata el buceador en el fondo del mar.
El frío ahogado en sus cenizas.
Eres la tristeza de Pessoa, el haiku de Basho, un poema de Yeats.
Eres el acantilado, la cadencia del verso, la metáfora de la luz.
Eres el adiós del tren, la frontera de la ausencia, las alas del instante.
Eres todo aquello sobre lo que podría escribir
pero jamás necesitaría ser contado.

Maneras de vencer al tiempo.

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 Subir escaleras, coger resfriados, aceptar las asimetrías en los espejos
Comprender que las respuestas viajan en dirección contraria a los recuerdos
Pasar las horas atando palabras con nudos marineros
Sentir que el invierno se queda sin aliento y
ver, cada año, cómo se desflorecen los magnolios.
Existen más de cuarenta maneras de vencer al tiempo.

Zona de confort

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Como el mar en un cuadro de Turner.
Como el beso de fuego en los labios de nieve.
Como  la revolución de una ciudad remota.
Como el sol abriéndose paso entre los árboles.
Como la oscuridad líquida de los rostros anónimos.
Como los caballos que galopan en las novelas.
Como enfrentarse al miedo cerrando los ojos.
Como la melodía balsámica y la estación detenida.
Como los barcos absorbidos por el tragaluz del horizonte.
Como la nostalgia que se extiende en los cristales.
Como el pensamiento vencido por una boca de porcelana.
Los relojes son agujas en carreteras vacías.

El poema de amor definitivo

Estoy trabajando en un poema
que me llevará toda la vida.
Porque soy todos los hombres que te han amado
igual que tú todas las vidas que quiero vivir.
Porque el invierno termina en tu cuerpo.
Porque plantaste flores en mis relojes y
quiero beberme todos sus latidos contigo.
Porque en tus ojos se detiene el tiempo.
Porque cuando te veo dormido sé
que eres el verso más perfecto del papel en blanco de mi cama.
Porque encuentro en tu costado
la localización perfecta para proyectar mis sueños.
Por la memoria cítrica de las mandarinas en tus dedos.
Porque quiero ser tu manera de mirar los atardeceres.
Porque es domingo y quiero que la lluvia me despierte contigo.
Porque eres mi océano, mi desembarco, mi isla paradisiaca.
Porque pienso en viajar a todos los rincones de tu cuerpo
ahora que tú me enseñaste que nací para volar.
Porque navegas entre mis líneas, cazas a mis fantasmas
y mis dragones se duermen contigo.
Porque conoces cosas de mí que ni siquiera yo sabía.
Porque me enseñarte que renacer es soñar con las ventanas abiertas
Porque eres el espejo en el que acierto a encontrarme si cierro los ojos.
Porque las orillas de mis pulmones se llenan con tu marea.
Porque cocinemos juntos y empecemos la cena en ti.
Porque mis plantas sueñan con que tú las riegues.
Por esa manera tan cinematográficamente bella con la que sostienes mis manos.
Porque tus pestañas recuerdan a la arquitectura perfecta de una ola.
Porque no sé si es mi barba o tu pelo los que se enredan.
Porque padeces obsesión vivicida y resucitas a todo lo que disparas.
Porque tus abrazos son un arma de construcción masiva para desvanecer al miedo.
Porque llevas una sonrisa de ventaja al mundo.
Porque quiero interpretar contigo todos los besos censurados del Cinema Paradiso.
Porque comprendes el idioma de los silencios y las miradas.
Por mi hombro bajo tu cabeza y la luz del proyector frente a nosotros: porque la película seamos tú y yo.
Porque sopla el viento cuando la palabra “amor” se escribe en tus labios.
Por ese temblor que embiste mi pecho cuando tus mensajes cruzan mi Smartphone.
Porque mis apellidos riman con los tuyos.
Porque todas las canciones de amor hablan de nosotros, aunque ninguna nos comprenda.
Porque creo que la luna nos mira con envidia.
Por infinitas galaxias de razones pendientes por descubrir
e inalcanzables para los telescopios

que en el verso definitivo de mi vida
cabemos tú y yo.
¿Quieres escribirlo conmigo?

Poetry…

Me preguntaron: ¿Qué es para ti la poesía?

Podría decir:

El otoño colándose entre los árboles,
una luz capaz de incendiar las oscuras paredes del mundo,
el horizonte doblándose en las retinas,
el susurro con el que mis dragones duermen,
un silencio que detiene a los fantasmas,
el color incandescente de las galaxias,
el rastro de sangre en la nieve con la que se excitan los lobos,
respirar y que el salitre del mar entre en los pulmones,
el olor a canela de una tarta de manzana recién hecha,
la verdad que se alcanza a ver cuando cierras los ojos,
el lenguaje de la lluvia,
el río bebiéndose tus desiertos,
el estribillo contagioso de una canción con la que acompasar la vida.

Y sin embargo dije:

Despertar junto a alguien
y descubrir que la realidad
pueda ser más hermosa que los sueños.

Mundo interior

Foto: http://elburlador.blogspot.com.es/

Hay un devenir de presagios,
un lenguaje en expansión
creado por instantes
que mueren y renacen
con la incertidumbre de saber
si existe ley física
que pueda explicar el mundo interior.
Existe el camino y la espesura de sus bosques.
Existe el oleaje contenido y la inundación del rompeolas,
el barco y la herida abierta del iceberg,
el buceador y su mundo submarino.
Soy soldado en mi propia emboscada,
el aterrizaje forzoso sin despegue,
el muro que impide escapar al fugitivo,
la inundación de la cosecha y las tormentas.
Soy mi servicio de inteligencia y el espía perdido en mis instalaciones.
Soy el grito de alarma y la voz que me tranquiliza,
el reloj y los rostros vencidos por el tiempo,
una ventana y la escarcha que no permite alcanzar mis paisajes.
Soy una pregunta y la infinitud de sus respuestas:
¿Son iguales los destellos del vaso cuando está vacío?
Soy la enfermedad incurable y su tratamiento,
la ceguera y los semáforos.
Soy Madrid y persigo todos los taxis que he perdido.
Soy todas aquellas vidas que han cruzado
por el paso de cebra de mi propia vida
y las que queden por cruzar.
Soy la hoja arrancada con el final de la novela,
la voz en off que me habla desde el futuro,
el dragón y sus incendios interiores,
el león vencido por su domador.
Soy el cristal y lo que no se ve en su reflejo.
Soy mi único lector
y el poema 
que no comprende
al que lo lee.